domingo, 3 de febrero de 2008

Cómo me suicidé: otra triste historia real

Todo empezó el día que decidí suicidarme. Así es como suelen comenzar los suicidios.
Conocí a muchos suicidas fracasados. Recuerdo especialmente a Susana, a la que apodé “la coleccionista de yesos”. La conocí en un hospital, cuando yo misma fracasé en mi primer intento de suicidio, que en realidad fue un fracaso porque no empecé como debería empezar todo suicida que quiera llegar a buen puerto. Es decir, yo no me propuse suicidarme sino entrar en la vida eterna y si era posible, también en el santoral, así que dejé de comer, como Santa Clara, solo que fui a dar con mi esqueleto al hospital, como Susanita. Susana empezó bien, se abrió las venas, pero la encontraron los parientes. Así llegó al hospital, donde le pusieron el primer yeso. Cuando le dieron el primer día de salida, fue y se tiró de un tercer piso, con lo cual se rompió una pierna y volvió con otro yeso. Susana jamás va a triunfar en la vida, eso está claro. “ Soy un fracaso”, decía entre sollozos. Y la verdad que sí.
Yo decidí empezar bien el día, decidiendo que fuera el último. Así que desayuné con vodka, mientras fumaba un caño y miraba por la ventana. Llueve, dije, un día perfecto para el pez banana. Decidí abrirme las venas como Petronio y empecé a meditar mis últimas palabras.
“ Qué gran artista pierde el mundo”, las deseché. Deseché también “Ay, Patria mía” y “ Con nosotros muere...”, teniendo en cuenta que era yo sola y que ningún Sienkiewicz iba a terminar la frase. Al fin opté por las de Cabral, “ muero contento, hemos batido al enemigo”, por considerar que es lo que mejor suena y teniendo en cuenta que el médico tal vez llegará a tiempo para escuchar mi última gran frase. Así también hago la felicidad de un hombre, ese era el sano propósito de mi suicidio, porque es sabido que el sueño inconfeso de los médicos es que nos muramos contentos.
Después miré todos los programas idiotas de la televisión, esos que no miraba nunca.
Después pensé que podía ponerme para suicidarme, y opté por disfrazarme de Pancho Villa, pero me faltaba el sombrero. Entonces me disfracé de Gatúbela, pero no me quedaba bien. Así que decidí suicidarme desnuda. Entonces pensé también en pasar bien el último día de mi vida y llamé a un par de vagos que paseaban por la vereda. Así llegó la noche y decidí aplazar mi suicidio hasta el día siguiente.
A la mañana eché a los dos vagos casi a patadas, se habían tomado todo el vodka, así que no desayuné.
Empecé a seleccionar la música que iba a poner para suicidarme, opté por My Way cantada por Elvis. Entonces se me ocurrió que podía escribir un cuento, incluso se me ocurrió un título: “ Cómo me suicidé”.