domingo, 27 de abril de 2008

LA REINA DE VILLA LUGANO

Obra en un acto

Personajes: Teresita Sánchez de Thompson
Yolanda O’Mamani
Teresita Sánchez de Thompson era una rubia de Barrio Norte hasta que la atrapó el corralito. Desde entonces es una rubia con raíces negras de Villa Lugano. Aclaramos que Villa Lugano es el barrio más representativo de la zona Sur de la ciudad de Buenos Aires y, además, que ahí vivía yo. Yolanda O’Mamani es una mucama oriunda de Bolivia, con raíces irlandesas a medias desde que tampoco se tiñe. Le dicen la Yoli y tiene mucha calle. La escena se desarrolla en el Cotolengo de Don Orione, en el barrio de Pompeya, donde se pueden conseguir gangas a precios increíbles.

La Yoli: Acá estamos, patrona.
Teresita (titubea): Pero yo no se si debo...
La Yoli: Claro que debe. Debe quinientos pesos de expensas, cinco mil del crédito y trescientos de mi sueldo, pero mire, patrona. Yo tengo calle. Hágame caso. Mire estas alpargatas. El calzado es fundamental. Con esos zapatos italianos nadie se va a atrever a preguntarle cuánto cobra. En cambio, con esas alpargatas cualquier hombre de mundo va a ver lo devaluada que está.
Teresita: Ay, Yoli. Nadie me va a mirar dos veces con estas alpargatas.
La Yoli: Justamente, la van a mirar una vez y van a pensar que cuesta dos mangos. Y dos mangos más dos mangos más dos mangos... son seis mangos. Es plata. Mírelas, patrona.
Teresita: Pero son treinta y seis. Yo calzo treinta y ocho.
La Yoli: La tela de alpargatas cede. Cede y se salen los dedos. Como son negras, se puede pintar las uñas de negro, así, si están sucias, nadie se da cuenta. ¿Las lleva?
Teresita (suspirando): Está bien...
La Yoli (rápida): Listo, llévelas. Ahora esos zapatos que le ocupan lugar, ¿me los deja a mí?
Teresita: Bueno. Ay, Yoli. Mirá ese tapado apolillado. Es piel auténtica.
La Yoli: Ni lo sueñe. Ahora somos todas ecologistas. En cambio, mire este morral. Verde militar. Si le dibuja el signo de la paz con birome, hasta puede pasar por ingenua. Es lo mejor que le puede pasar. Llévelo.
Teresita: ¡Pero eso es hippie!
La Yoli: Ahora todas somos hippies, patrona. Y además, con las alpargatas, es lo que mejor combina. La tienen que ver y decir: esta mina por dos mangos hace cualquier cosa. ¿Se da cuenta? Los hombres no miran a las mujeres bien vestidas porque se asustan de lo que tendrían que pagar. Ya nadie la va a llevar a cenar a Puerto Madero. Si la invitan con un choripán, dé las gracias y no deje ni las migas. Ah, mire ese vaquero. Descosido. Manchas de lavandina y de grasa. Talle 42. Le va a ir justo y le falta el botón.
Teresita: ¿Pero vos te creés que eso les gusta a los hombres, Yoli?
La Yoli (sentenciosa): Señora, tengo dieciséis hijos. Sé perfectamente lo que les gusta a los hombres. Resulta, claro que resulta.
Teresita: ¿Y una minifalda no es mejor?
La Yoli (niega con la cabeza): Primero, si usa minifalda va a tener que usar medias, si tiene medias van a pensar que tiene plata, si piensan que tiene plata van a creer que cobra caro. Además, acá el tema es que usted no puede ponerse en una esquina, por que va a tener que darle la mitad a la cana, o sea, de dos mangos, le va a quedar uno. Acá la cuestión es que camine como quien no quiere la cosa y los clientes caigan solos.
Teresita: ¿Estás segura?
La Yoli: Claro que estoy segura. Lo va a comprobar solita. Cuando salga así... Escuche, los hombres buscan a las mujeres pobres y desvalidas porque son las únicas que pueden pagar. Hoy día, ningún hombre puede alquilar una oligarca, ni por media hora. Y usted ya no es una oligarca. Ahora vamos a buscar algo para arriba. Humm. Esta camisa está bien.
Teresita: Pero es de hombre, Yoli.
La Yoli: Justamente. Es de lo más pobre usar una camisa de hombre. Y úsela sin corpiño. Es sexy.
Teresita: Yoli, tengo cincuenta años. Sin el corpiño se cae todo. No es sexy.
La Yoli: ¡Pero siempre con peros! ¿No le dije que tengo dieciséis hijos? No importa si se cae todo. Mientras paguen poco, no les molesta agacharse hasta el piso. Se lo digo yo. Tengo dieciséis ...
Teresita: Hijos, sí. Está bien llevo la camisa y no uso corpiño. ¿Qué más?
La Yoli: Esa blusa me la puede dar a mí. Yo hago pañuelitos. Tengo dieciséis hijos.
Teresita: ¿Se limpian la nariz con seda francesa, tus dieciséis hijos?
La Yoli.: Ay, que ingrata. Ay, que desagradecida que es usted señora. Yo la ayudo y usted no piensa en mis hijos. Pobrecitos, ay, diosito, ay.
Teresita : Está bien se la doy la blusa, se la doy, Yoli. No se ponga así.
La Yoli: Y los corpiños ¿no me los da también? Total no los usa más. Y yo tengo dieciséis...
Teresita: ¿No tendrá dieciséis tetas, Yoli?
La Yoli: Hijas señora, todas mujeres y desarrolladitas. No se burle señora. La miseria no es motivo de risa. Pobrecitas ellas.
Teresita: Está bien, le doy todos los corpiños. Ahora puede buscarme un abrigo.
La Yoli: ¿Para qué? Ya estamos casi en primavera. Lo que necesita es un pañuelo palestino. La moda palestina arrasa. Los piqueteros la usan y los zapatistas también. Y con la cacerolita esa va a quedar preciosa. ¡Quién le dice que no la graba la televisión francesa y...! Todo es posible. Póngase el pañuelo, ande.
Teresita: ¿Pasamontañas también?
La Yoli: No, no hay que exagerar. Con pasamontañas y sin corpiño, van a pensar que es un señor. Un pañuelo palestino da el toque patriota justo. Cuando falte la clientela, va a poder pedirles sopa a los piqueteros.
Teresita: Yoli, espero que esto sirva.
La Yoli: Señora, tengo dieciséis hijos. Y sé que quieren los hombres. Y así estamos señora. Yo de esta forma me aseguré la descendencia. Ahora les toca ustedes aprender a ingeniarse. La crisis nos unió. Como decía Samuel Weller, el ingenio es todo y el dinero nada. Así yo tengo mi familia Y usted tiene el corralito.
Teresita: Lo único que entiendo, Yoli, es que tiene dieciséis hijos y que, por suerte, yo pasé la menopausia.
La Yoli: Es la inconciencia de su clase, patrona. Ya lo dijo... (aquí Yoli desgrana la teoría de la evolución de Darwin y el enfoque sociológico de Max Haberfeld hasta dos horas después de que baja el TELÓN)
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