jueves, 26 de febrero de 2009

La cifra adversa

1494

Hay un hombre en la ventana de una casa florentina. Mira hacia lo lejos y está desesperado. Otros hombres también están desesperados, pero no miran a lo lejos. En
esa ciudad donde él es un extranjero (dijo un demiurgo que el sueño de Maquiavelo jamás tendría más que un engañoso despertar), corre la sangre por vías secretas, se aviva el fuego de las hogueras y una palabra equivocada determina la muerte de un hombre. Su Señor ha muerto y ahora Italia, la confusa, tiene un nuevo señor, que teñirá de asesinatos y de intrigas la historia y la leyenda: esto no le interesa.
Su juventud fue tumultuosa y errónea, pero hace cinco años le puso fin, en esos cinco años estudió y meditó, hasta que finalmente supo. Y entró en la vejez.
Tiene treinta y un años. Sobre él pesa el título de hereje, también el de seductor y noble escandaloso. También el de sabio. Ningún título le pesa ya.
Fueron muchos sus ruegos en las horas de la niebla, cuando la Verdad le parecía desesperadamente lejana y se escapaba de su mente con la constancia que mujer alguna tuvo para rehuir sus brazos. Y sus ruegos persistentes lo fueron al punto de llegar, como un Don Juan tardíamente enamorado, de los años en que buscaba la Verdad como un atributo que añadirse a tantos otros, al amar a la Verdad por la Verdad misma. Este día sabe la verdad y sabe que se equivocó. Y que ningún vuelco intelectual puede hacer que su error sea reconocido o que se puede perdonar a sí mismo: la Verdad es aquello que ridiculizó de un modo genial en su tesis más admirable. Ahora tiene que demostrar la falsedad de su propia tesis. ¿Quién admitirá sin reírse semejante torpeza en un académico? ¿Quién escuchará la Verdad de sus labios con el mismo respeto que guardaron a la falsedad?
Tiene una sola oportunidad y es su ser de caballero y no de sabio quien le dice que es el último día.
Pico della Mirandola, conde y filósofo, filólogo y esgrimista, gran satírico y azote de la Astrología, después de cinco años de encierro y de combate se descubrió equivocado. Ese día, 17 de noviembre de 1494, va a demostrar del único modo posible, que el destino del hombre es una Cifra y que la Cifra está en las estrellas. Y bebiendo el veneno, dio la espalda a la ciudad que lo ignoraba y frente a la sola mirada aterrada de dos discípulos que se resignaban en silencio a aprender esa última enseñanza de su Maestro; cumplió la profecía de su propio horóscopo.


23 de julio de 1996
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