sábado, 11 de abril de 2009

Psicoanálisis en Canterville ¡Asocien!

SIMÓN C., un caso de histeria fantasmal.

Conferencia presentada por el eminente psicoanalista Sir James Rodríguez de la Fuente y acotada por el Dr. Klein.

El misterio rodea a Simón C., cuyo nombre escondía, exactamente, nueve personalidades diferentes, con las que simulaba su auténtica patología. ¿Con qué fin? Estimados colegas: con el de volvernos locos. Ejem. A veces Simón C. se presentaba como “Rubén el Rojo o el Bebé estrangulado”. El origen de esta personalidad histérica tal vez se deba al segundo nombre de su padre o a un niño que murió al nacer. Pero no sé ni siquiera el primer nombre de su padre, ni tengo noticias de dicho niño. Tal vez se llame Rubén por un rubí del collar de su madre que lo estranguló, Rub-í, y por eso es Rojo. Asocien lo que quieran, a mi no me importa.
Ejem. La segunda personalidad desdoblada, es decir, doblada y vuelta a doblar, y aquí es preciso que haga una comparación imprescindible entre la personalidad histérica y la masa de hojaldre, que como todos sabemos se dobla en cuatro cada vez mientras se amasa hasta que queda una masa fina y compacta que tiene facetas dulces o saladas según se le ponga azúcar para pastelitos o sal para empanadas al horno o fritas, en fin, la personalidad histérica es como la masa de... bueno. En qué estaba. Sí. La segunda personalidad desdoblada y vuelta a doblar de Simón C. es el terrible “Gibeón el famélico, el vampiro de Bexleer Mor”. Cuando su histeria lo llevaba a asumir esta actitud, causaba tanto terror que no me atrevía a mirarlo, por eso no sé en que consistía su comportamiento cuando actuaba con dicho nombre. Pero el paciente recordaba sus hazañas bajo este carácter con la entusiasta egolatría de las artistas de cabaret octogenarias cuando recuerdan los gritos (¿de placer? ¿de displacer? ), de algún príncipe de la Casa de Hanover.
Asocien, vamos.
Una de las más misteriosas manifestaciones de este caso de histeria, es cuando aparecía en su psiquis la supremacía de otra presencia psicótica “Daniel el mudo o el esqueleto del suicida”. Daniel el mudo como era mudo no decía una palabra, además de mudo, se había suicidado, así que estaba muerto, por eso no logré hablar con él y sigo en la más completa oscuridad. “Daniel” significa, si mi hebreo no me falla, el amado por Dios. ¿Asocian o no asocian? Evidentemente, el amor de Dios es demasiado para un simple hombre y por eso Daniel se quedó mudo y se mató para reunirse con su amado. El vínculo homoerótico es evidente, pero no patológico, salvo por el detalle del suicidio, que no es muy sano.
“Martín el maníaco o el misterio enmascarado”. Martín el maníaco es un misterio para mí y quitarle su pesada máscara es la tarea que me he propuesto, pero para eso no puedo sino menos que bucear en otro carácter de este hombre con multiplicidad de caracteres, Simón por todo nombre real, puesto por su padre, que más vale se la hubiera... Ejem, esta vez no asocien. Yo le digo cuando tienen que asociar. Cuando el inconsciente de Simón se asomó como “Isaac el Negro o el cazador del bosque de Hogley” sufrió un trauma que tal vez lo hubiera llevado a la cura de su histeria. Dos miembros de su grupo familiar conviviente, grupo con el que en realidad el paciente no tiene lazos sanguíneos, dos mellizos de quince años exactamente, habían untado con manteca la escalera, así Simón C. se cayó y en la caída murió “Ruperto el Temerario o el Conde sin Cabeza”, otra de sus personalidades, por lo que llevó luto una semana.
Haré una revisión del entorno familiar del paciente, consistente en una sirvienta vieja y una familia con la que, como ya creo haber dicho, no tenía lazos de sangre, la familia O., de origen norteamericano, enfurecía a Simón C. con su grosero materialismo, al decir del propio paciente, provocando que su patología originaria se agudizara.
El paciente dice, palabras textuales: “familia horrible, maleducada, vulgar y tramposa” y , escuchen con atención: “No he dormido en trescientos años”. Al preguntarle cuantos días realmente hace que no duerme, responde: “Ciento nueve mil quinientos días”. Señores, señoras, Simón C. pretende ser un fantasma, cuya alma no haya paz y por eso debe molestar a todo el mundo, pero agobiado por la incomprensión de su entorno, acude a nuestra consulta buscando ¿qué? ¿La paz perdida? Para sus dichos, se apoya ciertamente en su absoluta ausencia de piel sobre los huesos. Es muy conocida por todos nosotros la parálisis histérica, también existe la sordera histérica, etc..., pero estamos frente al primer caso conocido de muerte histérica. Por eso, se ha realizado una interconsulta clínica, pero el clínico se declaró incompetente, cual si fuera un juzgado, y convocó a su vez a un patólogo forense, en cuyo laboratorio permaneció el paciente durante tres días dándole a la cháchara, hasta que clínico y forense requirieron asistencia psiquiátrica inmediata, y... Esperen un momento. ¿Quiénes son esos hombres de blanco? ¿Qué hacen? Eh, pero no terminé... ¿Dónde me llevan? ¡Noooooooo....!!!!!!”
Aquí termina la conferencia del Dr. Sir James Rodríguez de la Fuente, cuyo caso presento a esta junta médica junto con el del Doctor Smith y el también Doctor Jones. En casa de herrero cuchillo de palo, eh. Ja, ja. El caso que ellos estudiaban es un esqueleto que según ellos habla y ulula en la noche como un ciprés que llora. Les dije que le alcancen un pañuelo, ja, ja. He hablado con dicho esqueleto pero no me ha respondido, ja, ja. La ciencia psicoanalítica se muestra incompetente para examinar la histeria de los cadáveres. Ahora, si me disculpan, tengo un paciente esperándome en la sala, un tal “Jonás el Sin Tumba, o el ladrón de cadáveres del Granero de Chertley”, un caso muy prometedor.
Publicar un comentario