martes, 19 de junio de 2012

LUIS

Es extraña la manera en que el corazón sabe sin saber que algo importante va a pasar ahora, ya, en el minuto que viene, y entonces, tú , mí, su corazón, se prepara para grabar a fuego, para que no se borre nunca, ese misterioso minuto siguiente que parece sólo uno más, en la sucesión infinita de minutos....
Esa tarde, era un viernes. Hace veinte años. No sólo era viernes, sino que eran las siete de la tarde. Sí, lo sé. ese corazón extraño, que parece que es el mío, también grabó la hora.Y el clima. No hacía frio, pero tampoco tanto calor. Yo tenía una camisa corta de gasa negra, con exactamente veinte diminutos botones de madera. Suena extraño una camisa con veinte botones, pero de eso también se ocupó el corazón, de contar los botones de mi camisa.
Lo vi en la mesa de enfrente, sentado y oyendo las charla animada de muchos compañeros de mesa. Lo vi mirarme, levantarse,  acercarse a mi.
Ese momento grabado se repite una y otra vez en la cinta. Él se levanta,empujando la silla hacia atrás, sonriendo hacia los lados, vuelve a acomodar la silla, camina hasta mi mesa...
Debió pasar algo. Debió apagarse la luz o debieron callar los autos en la calle,  haberse encendido de golpe, enviada por el cielo, la más bella canción de Harrison, sin embargo, no ocurrió nada de eso.
Luis se presentó y me miró con ojos sonrientes, de una clara y eterna ironía, que daba un brillo divertido a sus lentes...sonreía con una levedad que acompañaba muy bien esa mirada irónica de sus ojos verdes casi transparentes...me contó que era bibliotecario....hablamos...reímos....
Eso fue hace veinte años. Hace dieciocho años que el hombre de la eterna semisonrisa pero que a veces me mira, serio, tan indescifrable como el caballero azul de Rembrandt, me da el placer de su compañía...
Le escribí un libro de poemas. Se llama Desencadenada.
Está dedicado: 
A Luis. Duro como el acero, dulce como la miel.
Como dije, es bibliotecario. No sé cuántos libros de poemas han pasado por sus manos.
Espero que el mío, sea digno de él.
Creo que sí lo es Creo, haciendo causa común con Garcilazo de La Vega, que Luis escribó el libro, y yo sólo lo leí.
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