viernes, 26 de abril de 2013

El futuro viaja en colectivo


Santi oigo al nene mientras subo—. Santi, no llores, mirame —el nene, de ocho o nueve años, quiere consolar a su hermanito. Me hace sonreír, uno de esos días que hace falta una sonrisa. Pero la pequeña familia del colectivo, una familia de tres, como en mi juventud fue la mía, me dará más que una sonrisa. Santi, mirá. Gooool y Santi, abrazado por su madre, empieza a hipar despacio, mirando a su hermano sentado enfrente, satisfecho, orgulloso.
Como su madre. Su madre que lleva a sus dos hijos como a sus pocos años jóvenes.Su madre que, como Santi, como él mismo, lleva en su rostro el cobre en clave de sol americano.
Y con la fuerza que sólo una madre de esa edad tiene, baja llevando a sus dos hijos en brazos, conmigo como una orgullosa e improvisada escolta...
Y ya en la vereda me dice gracias, sin un rastro de humildad, sino con esa maravillosa confianza en sí mismos que tienen los que saben que son el Futuro.