martes, 21 de enero de 2014

Vidas de Ondinas




Los legendarios seres habitantes de las aguas suelen tener forma y encantos femeninos. Parientes de las ninfas, las hadas y las apsaras, hermanas de ellas en cuanto a seducción y predilección por hombres mortales, las dulces y misteriosas ondinas son protagonistas de numerosos cuentos y leyendas europeos. Su poder se extendió al mundo de la alquimia, donde simbolizan, representadas con dos colas de pez, el sistema dual de los dos principios primarios mercurio y azufre.
 No poseían la maldad de las antiguas sirenas, y su encanto no era siempre fatal, pero podía ser trágico. Las ondinas, como la sirena de Andersen, no tienen alma y para poseerla deben hacer numerosos sacrificios. Su mundo acuático y romántico atraía a los hombres terrestres y mortales, pero la unión de ambos mundos era imposible, esto provocó gran afluencia de poetas y cuentistas al mundo de las ondinas.
...El hombre salió de un puñado de barro y agua. ¿Por qué una mujer no habría de estar hecha de rocío, vapores terrestres y rayos de luz, de los condensados residuos de un  arco iris? ¿Dónde reside lo posible...? ¿Dónde lo imposible?
            Así explica su naturaleza Biondetta, personaje de El diablo enamorado, de Jacques Cazzote.
Como ejemplo, este pequeño cuento de Aloysus Bertrand, poeta francés que inspiró ,entre otros, a Baudelaire. Forma parte del libro Gaspar de la Noche. Fantasías a la manera de Rembrandt y de Callois . La historia siguiente es mas trágica: es la historia de la ondina Prathé y su matrimonio  con un hombre mortal. La contó por primera vez Friederich de la Mottte.

ONDINA ( según Aloysus Bertrand)

“¡Escucha!, ¡escucha! Soy yo” Es Ondina, que roza con estas gotas de agua los rombos sonoros de tu ventana iluminada por los tristes rayos de la luna; y aquí está, vestida de muaré, la dama castellana que contempla en su balcón la bella noche estrellada y el hermoso lago dormido.
“Cada ola es una ondina que nada en la corriente, cada corriente es un sendero que serpentea hasta mi palacio, y mi palacio está construido con elementos fluidos, en el fondo del lago, en el triángulo del fuego, de la tierra y del aire.
“¡Escucha! ¡Escucha! Mi padre bate el agua abundante de ranas con una rama de aliso verde y mis hermanas acarician con sus brazos de espuma las frescas islas de hierbas, de nenúfares y de gladiolos, o se burlan del sauce caduco y barbudo, que pesca con caña”


Su canción murmurada me rogó recibir su anillo en mi dedo, para ser esposo de una ondina y visitar con ella su palacio, para ser el dueño de los lagos.

Y cómo le respondí que amaba a una mortal, enojada y con despecho, lloró con lágrimas, lanzó una carcajada y se desvaneció en chaparrones que chorrearon blancos en la extensión de mis cristales azules.

LA HISTORIA DE ONDINA
(Versiòn libre del cuento de Frederich de la Motte)

            Hubo una ondina. Se llamaba Prathé. Sus cabellos largos y húmedos estaban extendidos sobre la hierba. Con sus largos dedos los peinaba pensativa. De ese simple acto dependió su amor, su destino y la suerte de un príncipe de los hombres.
            El hombre la vio. Y se enamoró de ella. Entonces era extraordinariamente fácil enamorarse. Ella reía en sus brazos.
            La Reina del Lago, la monarca de las ondinas y de las aguas profundas, dio su consentimiento a la boda.
            Las ondinas no tienen alma humana. Su existencia transcurre feliz en el fondo del lago, en una eterna edad de la inocencia. Su raza no sabe del pecado original ni de Bien ni de Mal.
            Pero al unirse a un hombre, a Prathé le fue otorgada un alma humana.
            La unión tenía como condición, impuesta por la Reina del Lago, de que se rompería ante la infidelidad del príncipe. La Reina, de rostro joven, pero muy anciana, conocía el corazón humano. No tenía dudas de recuperaría a la ondina de esa forma.
            El príncipe no tardó en darle la razón. La tentación llegó en la forma de una dama de la corte. Y Prathé y su alma humana, con su nueva sensibilidad, con su cambiado corazón, llorando retornó al lago. Amaba a ese hombre y nunca volvería a ser una ondina como las otras, sus hermanas.
            El hombre amaba a la ondina. Arrepentido fue a la orilla del lago.
_Prathé.- llamó- Perdóname. Pagaré el precio que sea por tenerte conmigo.
La ondina (sus cabellos de agua, sus ojos de agua), surgió en un remolino y le habló así.
-Hombre. Por tu amor corres peligro de muerte.
Él solo pudo desear y amar más a la ondina, aunque sabía que era cierto y que su vida corría peligro.
-No quiero separarme de ti.-susurró el hombre.
No llegó a ver las lágrimas en el rostro de la ondina. Ella lo atrajo hacia sí, le dio el beso final y lo hundió en las aguas. Un remolino y el cuerpo de la amada fueron la mortaja del príncipe.



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