miércoles, 18 de junio de 2014

Ciudad de héroes



Era una ciudad donde niños de tres años pedían en las calles y a los ocho dormían entre cartones y vahos de vino y pegamento, a los quince morían a fuego en la noche, y sólo decían de ellos que quien a hierro mata, a hierro muere. Era una ciudad donde las noches de primavera dormían familias en las plazas y las noches de invierno guarnecidos en portales, pero a las plazas les pusieron rejas, y ahora duermen bajo portales en la calle. Ancianos y enfermos morían en el frío, a los niños los llevaban a morir a un hospital, ese rasgo de delicadeza era muy apreciado. Era una ciudad donde las madres muchas veces eran niñas y las niñas muchas veces eran madres de sí mismas, era una ciudad donde los carros a caballo coexistían con los autos ultimo modelo, donde cientos y miles de familias vivían con la basura de las otras. Era un ciudad donde para sobrevivir hacía falta más que dinero, talento, más que talento, suerte, además de la suerte, había que venderse, y el cuerpo vendido ¿cuánto puede servir a su dueña?
Era una ciudad donde ser o no ser no era un dilema, y donde la vida no tenía valor y la muerte no tenía importancia, gente mataba por un reloj o por un billete, gente moría por llevar un reloj o no llevarlo, no tener dinero era causa de muerte, tenerlo también lo era...esa es la ciudad de Esther.
Esther todos los días se despierta de madrugada, ignora con desdén la tragedia última del noticiero, prepara su desayuno, su sencilla vestimenta y va al trabajo.
Trabajo. Cuelga sus brazos de un barral de un autobús atestado, percibiendo que humanidad no tiene nada de metáfora. Se sofoca, y por momentos cree desmayarse, pero se sostiene: va al trabajo.
Baja del colectivo y ahora toca seguir una larguísima fila para el segundo autobús: mira el celular preocupada: son las 7 y media de la mañana. Oye las conversaciones: el puente cortado, mi hijo está con bronquiolitis, que frío, por Dios.
Dios parece no dar el presente esta mañana. Así que Esther toma el segundo colectivo con retraso.
Por suerte, se dice, cobro mañana.
Creo. Tal vez cobro mañana

        

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