martes, 12 de mayo de 2015

La mujer que leía a Clausewitz

Y por fin lo tengo. Tiene tapa con reborde verde y una mapa militar.
Lo tengo 21 años después del día en que debí tenerlo.
Tarde feliz en el Parque Rivadavia. Frío, sol y libros. Tengo 21 años y dos niños. Una pareja que ronda cerca.
Tomo un libro de un puesto.
¡Me interesa mucho! Se llama LA CAMPAÑA DE ITALIA DE 1796...el autor es Karl von Clausewitz.....
-¿Te gusta ese libro?-pregunta el librero, un hombre maduro, de barba. Sonriente.
-Lo quiero llevar- dije. Costaba cinco pesos de entonces.
-¡Una mujer que lee a Clausewitz!- exclamó el librero.
Es extraño, nunca olvide ese raro halago. Sí, soy una mujer que lee a ese y a otros analistas militares, gracias a eso publiqué, en 2009, mi análisis de la batalla de Vuelta de Obligado. Pero entonces, a los 21 años, mis conocimientos se vinculaban más a un juego, el ajedrez. Pasarían años hasta que mis lágrimas cayeran sobre papeles que hablaban de muertos de doce años de un siglo atrás.
-Lo quiero llevar -repetí.
Se acercó mi pareja. Tomó el libro, . "¿para qué querés esto?- Lo arrojo sobre el puesto...Llegué a percibir una mirada triste del librero mientras me iba arrastrada por ese hombre.
Él dejó de ser mi pareja.
Pero yo leí De la Guerra, de Clausewitz. Y varios libros sobre él. Que lo critican por moralista o por inmoral, Los leí trabajando en la biblioteca nacional . (Por razones personales, esa institución no lleva mayúsculas).
Se repitió la historia en cierto modo.
¿Para qué lees eso? Tenés que leer Pensar la guerra, de Aron. Eso decía con su voz engolada un escritor muy mayor llamado Miguel Reflejo.
Y yo recordaba el machismo hermoso del librero. ¡Una mujer que lee a Clausewitz!
Pasaron los años para el librero y para mí. Le compré decenas de libros y él siempre añadía una explicación.
"·Este ejemplar de la Historia de la Oligarquía argentina, tiene una falla famosa en la tapa". Por ejemplo.
Un día dejó de darme explicaciones. Indiferente, guardaba los libros en sus bolsitas y me los cobraba.
Hasta que una tarde de primavera, con 41 años recién cumplidos, vi un espectáculo hermoso.
En el puesto, una chica de veinte años miraba los libros y él iba de un lado a otro, alborozado, enseñándole, guiándola....
Entonces entendí que con 40 años y un libro de Historia propio publicado, mi librero favorito me había graduado y entraba una nueva alumna.
En el sitio de honor de mi escritorio, está La campaña de Italia de 1796....En las paredes, grabados de planos de distintas batallas....
Y aunque nunca supe tu nombre, amigo mío, soy una de muchas mujeres que leemos a Clausewitz gracias...a vos.
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