miércoles, 26 de julio de 2017

Delia Fernandez

Delia tenía la mano siempre tendida.
La podías encontrar en la puerta de la Escuela de Bellas Artes cada noche a las 21 y 15 o a las 22 hs, con sus ojos grises, su baja estatura (cuya mención siempre le arrancaba una carcajada), y su eterna sonrisa.
La podías ver con mirada penetrante hacia la ventana de la escuela, anhelante, esperando ver a Laila, su hija.
La podías ver en una ronda de pañuelos blancos, porque fue a más rondas de las que fui yo en mi vida, pero espero alcanzarla.
La podías ver con rollos de papel y útiles de pintura bajo los dos brazos, porque su compromiso con Laila se extendía a todos los chicos de la escuela.
A Delia la definía la palabra "compromiso", pero también "sentido del humor". Delia había llenado su vida de sentido y el tiempo de acciones.
Partió.
Te extraño, Delia.

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